Las rutas largas registran conversaciones cruzadas, saludos entre conductores y vendedores ambulantes que ya conocen a los pasajeros habituales. Allí el paisaje avanza a ritmo de semáforo, permitiendo leer señales del día: un colegio ruidoso, una obra que complicará la tarde, una nube que promete alivio.
En el andén, la espera estandariza esperanzas: todos calculan puertas, miran paneles, negocian espacio. El túnel acorta distancias, pero amplifica silencios y reflejos. Aprender a respirar allí, cediendo asiento y ajustando postura, convierte el trayecto en práctica colectiva de logística, respeto y atención sostenida.
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